EL VALOR DE LA TOLERANCIA

Benjamín Pinza Suárez

Comencemos afirmando que la tolerancia es uno de los más altos y estimables valores humanos. Quien sabe manejarse con tolerancia, por lo regular, siempre será una persona tranquila, mesurada, tinosa, comprensiva, dispuesta a evitar conflictos y a buscar soluciones.

Las personas que han adquirido el valor de la tolerancia son aquellas que poseen una elevada inteligencia emocional y por ello, son socialmente equilibradas, espontáneas, amables, alegres, seguras de sí mismas, no son timoratas, ni escépticas, ni indecisas. Tienen una importante capacidad de compromiso con los demás y con las causas que consideran justas; son solidarios, entusiastas y optimistas. En este sentido, la inteligencia emocional es la capacidad de controlar, emplear y potenciar el manejo de los impulsos emocionales en forma positiva, aún en situaciones adversas, o bien, es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos.

La inteligencia emocional nos permite tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en la vida diaria, acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social que nos brinde mayores posibilidades de desarrollo.

Los individuos que poseen una buena inteligencia emocional nunca responden a una agresión con violencia; prefieren la comprensión, la prudencia, la paciencia y muchas veces sienten más bien compasión por la actitud negativa e irracional de quien así procede. Quien es poseedor de una gran dosis de inteligencia emocional, maneja muy bien el valor de la tolerancia. Son precisamente estas personas las que saben conectarse emocionalmente con los demás.

Emocionarse y emocionar es la clave para conseguir empatías. Es que todos queremos que se nos entienda, que se nos escuche, que se aliente nuestras perspectivas, nuestros sueños y proyectos de vida. Pero para ello es indispensable ser sencillo, sensato, honesto, alegre y positivo. Por eso es que los mejores consejos surgen de estas personas de estructura emocional equilibrada, que no guardan en su mundo interior el rencor, la envidia, el resentimiento, la frustración, el oprobio, la maledicencia.

Bueno es, entonces, reflexionar en la educación de una buena inteligencia emocional que nos posibilite obrar con tolerancia, serenidad, con seguridad y sabiduría. Quien no es tolerante, se irrita con facilidad, no puede controlar sus impulsos y es capaz de responder con furia y mucha agresividad.

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