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ImageSERVICIO A LA EDUCACIÓN LOJANA

En esta hermosa tierra, privilegiada por el Divino Hacedor, con singulares dones físicos y espirituales, se origina la vida trascendente, perdurable y eterna de una respetable Institución Educativa, para formar a la mujer, el Instituto Superior Tecnológico “Beatriz Cueva de Ayora".

Al celebrar alborozados cincuenta y dos años de servicio a la educación de Loja y su provincia, constituye un palpitar luminoso en el corazón de la historia de la Centinela de la Patria; lleva en su seno el soporte misterioso de un ideal, paradigma de gloria, antorcha de fe y esperanza; es el vuelo majestuoso con alas invisibles de coraje poético, de aventura creadora para gloria de nuestra Patria chica. Su rol educativo es de eficiencia enriquecida con la razón, sentimientos y paradigmas, porque solamente en el fragor de las grandes decisiones se ganan las mejores batallas.

Nace esta respetable y prestigiosa institución, bajo el impulso motivador y visionario de su fundador, el insigne maestro, poeta y ciudadano ejemplar el profesor Emiliano Ortega Espinoza, con el patrocinio espiritual de una excelente mujer, ejemplar madre y correcta ciudadana Beatriz Cueva de Ayora.

Han pasado muchos años de bregar en el aula y de plasmar inquietudes innovadoras, por ello el Instituto ha crecido floreciente en su obra física y se ha fortificado su nivel académico; nos sentimos llamados a profundizar nuestra identidad, a luchar por conseguir los objetivos formulados en su visión y misión institucional, a tratar de dar rostro nuevo lleno de vitalidad, de esfuerzo positivo con paradigmas de amor, paz, libertad y solidaridad.

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En la actualidad, en su condición de Instituto Superior Tecnológico, con seis Bachilleratos y dos carreras tecnológicas: Gestión Secretarial - Contable y Agroindustria, entrega a la sociedad la fecunda semilla futurista de la microempresa, capacitando a las alumnas para el trabajo productivo, en relación con la economía del país; para mañana, ser un pueblo respetable por su amor al trabajo y a la cultura, por los firmes propósitos de vivir en paz sirviendo a los demás, luchando valientemente por un mundo más justo y libre sin sumisiones a ninguna doctrina o dogma que mata y aniquila el espíritu.

Si miramos la realidad educativa en nuestro entorno, por estar inmersa en profundas entropías, está rezagada y atrasada. Cuando se trata de hacer un diagnóstico en este campo no se encuentra un soporte y una adecuada ejecución suficiente para apuntar al cambio, observando a veces una ruptura entre planificación, investigadores, líderes políticos y escasa participación de los beneficiarios.Cambiar esta realidad no es tarea fácil, requiere cambiar modelos mentales de quienes hacen la organización, procurando generar un pensamiento visionario y de compromiso.

Por ventura el “Beatriz Cueva de Ayora”, con acierto ha encontrado singulares alternativas para la ejecución de estrategias que permitan alcanzar metas para llegar a mejorar los niveles de la calidad de educación, con la participación inteligente, visionaria y de amor institucional de sus directivos, profesores, personal administrativo, padres de familia y alumnas que están robusteciendo nuestra propuesta de avanzada en este nuevo milenio.

Alegoria

La innovación y cambio, si bien requiere el apoyo legal, es más importante contar con la obligación moralética del docente. Ninguna ley o reglamento puede mejorar el contenido y proceso educativo, sino únicamente nuestra voluntad y el compromiso con el destino del país, de este Ecuador que es nuestro pero que es del futuro de nuestros hijos, de ahí el deber solemne de sentirnos profesionales comprometidos con el cambio.

Sólo así lograremos redimir a la juventud desorientada, en donde espectamos la descomposición moral, la violencia, la corrupción, que tanto daño ha hecho al Ecuador y que por contaminarse de este malsano ambiente va engendrándose en élla.

Sigamos adelante en la conquista de nuestros más caros ideales, haciendo nuestra aquella sabia expresión del viejo pescador de Hemingway, quien cubierto de sales marinas dijo: “El hombre no nació para la derrota, sino para la victoria”.